El papel del cardiólogo extrahospitalario Unión
entre la cardiología hospitalaria y primaria
Nekane Murga Eizagaechevarria
Presidenta de la Sección de Cardiología Clínica y Extrahospitalaria
de la Sociedad Española de Cardiología
En las últimas décadas, se están
produciendo importantes cambios en la atención al paciente cardiológico,
pero no sólo en la asistencia especializada a nivel hospitalario.
Las innovaciones alcanzan a todos los profesionales que estamos implicados
en el cuidado de los enfermos cardiovasculares, tanto a los cardiólogos
con actividad en consultas como a los médicos de atención
primaria.
Por una parte el mejor conocimiento de la ciencia médica
y, por otra, el avance tecnológico, nos proporcionan mayores posibilidades
de intervención, detectando y tratando los procesos cardiovasculares
en etapas más precoces. Así, en la actualidad, nadie se sorprende
ante el concepto de que el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares
deba comenzar por su prevención. De este modo, la labor del cardiólogo
extrahospitalario es, en esta etapa, evidente.
También cuando la enfermedad está establecida,
los cardiólogos en consultas disponemos de una gran capacidad para
realizar diagnósticos precoces. El paciente se encuentra en óptimas
condiciones para ser historiado y explorado, pero también es necesario
tener la experiencia suficiente para poder establecer una sospecha diagnóstica
congruente a partir de elementos clínicos relevantes, evitando la
petición de pruebas de forma indiscriminada, no sólo por el
coste directo que podemos generar, sino también por los riesgos,
temores infundados y molestias que puede sufrir el paciente. Respecto a
las pruebas que es dado solicitar, mayoritariamente los cardiólogos
disponemos desde nuestras consultas de un abanico de posibles exploraciones
que podemos solicitar de forma muy similar al que se podría tener
desde el ámbito hospitalario.
Otro aspecto de gran importancia en nuestra labor extrahospitalaria
es el seguimiento de las enfermedades cardiovasculares en su etapa crónica.
Establecido el diagnóstico o dada el alta del hospital, disponemos
de la capacidad (y es la situación ideal) para la realización
de una estratificación pronóstica más precisa, así
como para marcar objetivos terapéuticos en prevención secundaria,
según cuyas variables establecer las indicaciones terapeúticas
a largo plazo.
Tampoco debemos olvidar el importante desarrollo farmacológico
que, junto a los resultados de los ensayos clínicos, nos debe permitir
llevar a cabo un uso de los medicamentos basándonos en la evidencia,
siguiendo las indicaciones establecidas por las guías de actuación,
siempre individualizando y teniendo en cuenta las condiciones de cada paciente.
Por otra parte, en nuestra actividad no somos ajenos a las amplias posibilidades
terapeúticas actuales en el paciente cardiológico, gracias
al desarrollo del intervencionismo percutaneo, los dispositivos y la cirugía,
que también indicamos desde nuestras consultas.
En la actualidad, el paciente cardiológico se beneficia,
a lo largo de toda su enfermedad (prevención, diagnóstico,
episodios agudos o de descompensación, etc.), de una serie de innovaciones
radicales que nos permiten prolongar y mejorar su calidad de vida, logrando
cambiar el pronóstico de muchas patologías hasta hace poco
consideradas como terminales. Gracias a estos continuos avances, que también
surgen en otras especialidades médicas, se ha prolongado la expectativa
de vida del paciente cardiópata, con el consecuente aumento del volumen
de pacientes crónicos atendidos ambulatoriamente. Además,
cabe resaltar el acortamiento de la estancia media durante los ingresos
en los hospitales, con elevada comorbilidad y varios transtornos al alta.
En muchas ocasiones, los pacientes ambulatorios son muy
complejos, de edad avanzada y con múltiples patologías; se
encuentran polimedicados, con enfermedades graves y son revisados de forma
simultanea (y podríamos decir paralela) por varios especialistas
e incluso por su médico de cabecera, por lo que debemos evitar la
falta de un criterio conjunto por un déficit de relación y
contacto entre todas las partes implicadas.
Los compañeros de los servicios de urgencias de
los hospitales son otros de los profesionales implicados directamente en
la atención del paciente cardiológico. A las urgencias hospitalarias
acuden frecuentemente los pacientes ante nuevos síntomas como si
fuera una consulta (las listas de espera favorecen este hecho con la consiguiente
saturación que impide su correcto funcionamiento). También
las urgencias les asisten ante patologías que no precisan ingreso
y que remiten posteriormente a nuestras consultas para valoración
y seguimiento. Por otra parte, un correcto informe de las pruebas y tratamiento
indicados ambulatoriamente por nosotros favorecería notablemente
su trabajo cuando acuden los cardiópatas; por ello, el cardiólogo
extrahospitalario debe tener también con ellos un mayor contacto
y coordinación. Probablemente, en un futuro próximo la historia
clínica informatizada nos permitirá no tener fronteras entre
las diferentes partes implicadas.
Ante este nuevo perfil del paciente atendido en consultas,
pero tanto de primaria como de cardiología, así como de otras
especialidades médicas (endocrinos, neurólogos, urgencias,
etc.), se vuelve necesario, para mejorar la efectividad en la asistencia,
un correcto conocimiento de la patología cardiovascular de forma
global y de las alternativas diagnósticas y terapeúticas,
así como las normas para una mejor prevención y detección
de nuevos eventos. El paciente con enfermedades cardiovasculares se encuentra
fundamentalmente en manos de la asistencia no hospitalaria, pero no sólo
del cardiólogo. Las funciones de todas las partes se encuentran en
cierta medida solapadas, por lo que la necesidad de una formación,
coordinación y equilibrio entre todos los profesionales implicados
en el proceso es imprescindible.
Es evidente lo necesaria que es la asistencia hospitalaria
para el paciente cardiológico con una patología aguda o descompensada,
en muchas ocasiones precisando un derroche de medios humanos y técnicos,
pero debemos resaltar que pueden no lograrse todos los beneficios esperados
si en el proceso crónico (en muchas ocasiones infravalorado) todos
los médicos implicados en esta nueva fase no trabajamos coordinados.
Ahora bien, no siempre disponemos de la capacidad para realizar el seguimiento
y el control de forma correcta, ya sea por la falta de los medios humanos,
por una insuficiente formación o por la ausencia de la capacidad
técnica necesaria.
En la actualidad, no existe un esquema de interrelación
óptimo entre las partes implicadas en la medicina ambulatoria; incluso
me atrevería a decir que en muchas ocasiones tampoco está
claramente establecida la relación entre la asistencia especializada
hospitalaria y extrahospitalaria.
Según el modelo clásico, en el ambulatorio
los pacientes son controlados por su cardiólogo, realizando revisiones
periódicas de una patología crónica y estable, con
escaso contacto con el hospital de referencia y, en los procesos agudos
o ante la presencia de nuevos síntomas por la difícil accesibilidad
por la presión asistencial y las listas de espera, los pacientes
son atendidos por los servicios de urgencias.
La jerarquización ha llevado a los ambulatorios
a cardiólogos jóvenes, con una formación hospitalaria
y que mantienen su vínculo con el hospital, realizando en éste
parte de su jornada laboral, acudiendo a las actividades de formación
del servicio, presentando personalmente los pacientes en las sesiones medico-quirúrgicas,
etc. Aunque este trabajo mixto hospitalario y extrahospitalario teóricamente
puede parecer un modelo ideal, también sufre de graves problemas
en la práctica, fundamentalmente por una inadecuada organización
y motivación, al existir un desequilibrio entre la demanda y los
recursos disponibles (presión asistencial, listas de espera, inaccesibilidad
a analíticas o exploraciones, etc., así como contratos temporales
y precarios, rotaciones en el puesto…). Todo ello puede impedir que
se realice un trabajo de alta calidad para el que estamos, no obstante,
preparados. Otro modelo propuesto, y que se realiza en algunos centros,
es el papel del especialista como consultor, relegándole a un papel
meramente de espectador, sin una implicación directa asistencial,
lo cual puede provocar un distanciamiento de los pacientes y de su tratamiento.
Ante este nuevo perfil del paciente atendido en consultas,
pero tanto de primaria como de cardiología, así como de otras
especialidades médicas (endocrinos, neurólogos, urgencias,
etc.), se vuelve necesario, para mejorar la efectividad en la asistencia,
un correcto conocimiento de la patología cardiovascular de forma
global y de las alternativas diagnósticas y terapeúticas,
así como las normas para una mejor prevención y detección
de nuevos eventos. El paciente con enfermedades cardiovasculares se encuentra
fundamentalmente en manos de la asistencia no hospitalaria, pero no sólo
del cardiólogo. Las funciones de todas las partes se encuentran en
cierta medida solapadas, por lo que la necesidad de una formación,
coordinación y equilibrio entre todos los profesionales implicados
en el proceso es imprescindible.
Es evidente lo necesaria que es la asistencia hospitalaria
para el paciente cardiológico con una patología aguda o descompensada,
en muchas ocasiones precisando un derroche de medios humanos y técnicos,
pero debemos resaltar que pueden no lograrse todos los beneficios esperados
si en el proceso crónico (en muchas ocasiones infravalorado) todos
los médicos implicados en esta nueva fase no trabajamos coordinados.
Ahora bien, no siempre disponemos de la capacidad para realizar el seguimiento
y el control de forma correcta, ya sea por la falta de los medios humanos,
por una insuficiente formación o por la ausencia de la capacidad
técnica necesaria.
Probablemente todos coincidiríamos en que el objetivo
debe ser establecer un modelo asistencial mixto basado en una relación
directa, apoyo y conexión entre todas las partes, evitando los compartimentos
estancos y los protagonismos injustificados. Llevar estos conceptos tan
claros pero abstractos a la práctica puede ser una tarea difícil,
aunque hay una serie de principios básicos necesarios sin los cuales
alcanzar nuestro propósito no será posible.
El pilar básico para lograr seguir mejorando la
asistencia extrahospitalaria es una formación cardiológica
completa y hospitalaria, para ser capaces de transmitir al ámbito
ambulatorio los esquemas de trabajo y comprender los procesos y patologías
cardiovasculares durante su atención hospitalaria, pero el cardiólogo
ambulatorio debe conocer mejor el marco y características del funcionamiento
de la atención primaria para poder resolverle los problemas asistenciales
que puedan surgir.
Quisiera resaltar la importancia de una formación
adecuada de inicio (y también continuada) de todos los profesionales,
acompañada de una proporcional motivación profesional y…
por qué no decirlo… económica: la posibilidad de participar
en la gestión y en la organización, una menor carga asistencial
y un mayor tiempo por paciente, sin olvidar que debemos pedir que los ensayos
y las guías clínicas se adapten a las situaciones clínicas
reales, para que puedan ser realmente herramientas que nos ayuden en nuestra
práctica diaria.
Estoy convencida de que es imprescindible coordinar a los
profesionales que trabajamos con un mismo paciente en sus diferentes etapas,
pero que el cardiólogo tiene que participar en la asistencia, ya
que el papel básico del cardiólogo ambulatorio debe seguir
siendo el atender a los pacientes, pero también el ofrecer un asesoramiento
y apoyo constante a los médicos de atención primaria basados
en una relación más directa, así como agilizar la conexión
entre ellos (y la especializada) y también mejorando la relación
con la actividad intrahospitalaria (informes de alta, información
durante los ingresos, etc.).
Para concluir, quiero señalar que todos los profesionales
tenemos nuestro papel en la asistencia, aunque éste se debería
definir según las necesidades de cada área, ya que pueden
ser muy variables según las características del profesional
y del centro. Para evitar duplicar y despilfarrar recursos es conveniente
establecer protocolos de actuación consensuados y conjuntos fundamentalmente
entre atención primaria y cardiología. El cardiólogo
extrahospitalario, a parte de su importantísima labor asistencial
(que no debe menospreciar) debe participar en la coordinación de
los diferentes niveles asistenciales implicados en la asistencia, manteniendo
un diálogo, conociendo las necesidades y asesorando a sus compañeros
de atención primaria, pero también intermediando entre la
cardiología hospitalaria y el proceso crónico y su seguimiento.
Publicado en Salud Cardiovascular
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