Dios Todopoderoso, Tú has creado el cuerpo humano
con infinita sabiduría. Tú has combinado en él diez
mil veces, diez mil órganos, que actúan sin cesar y armoniosamente
para preservar el todo en su belleza: el cuerpo que es envoltura del alma
inmortal. Trabajan continuamente en perfecto orden, acuerdo y dependencia.
En Tu eterna Providencia, Tú
me has elegido para velar sobre la vida y la salud de Tus criaturas. Estoy
ahora preparado para dedicarme a los deberes de mi profesión. Apóyame,
Dios Todopoderoso, en este gran trabajo para que haga bien a los hombres,
pues sin Tu ayuda nada de lo que haga tendrá éxito. Inspírame
un gran amor a mi arte y a Tus criaturas. No permitas que la sed de ganancias
o que la ambición de renombre y admiración echen a perder mi
trabajo, pues son enemigas de la verdad y del amor a la humanidad y pueden
desviarme del noble deber de atender al bienestar de Tus criaturas.
Da vigor a mi cuerpo y a mi espíritu,
a fin de que esté siempre dispuestos a ayudar con buen ánimo
al pobre y al rico, al malo y al bueno, al enemigo igual que al amigo. Haz
que en el que sufre yo no vea más que al hombre. Ilumina mi mente para
que reconozca lo que se presenta a mis ojos y para que sepa discernir lo que
está ausente y escondido. Que no deje de ver lo que es visible, pero
no permitas que me arrogue el poder de inventar lo que no existe; pues los
límites del arte de preservar la vida y la salud de Tus criaturas son
tenues e indefinidos. No permitas que me distraiga: que ningún pensamiento
extraño desvíe mi atención de la cabecera del enfermo
o perturbe mi mente en su silenciosa deliberación, pues son grandes
y complicadas las reflexiones que se necesitan para no dañar a Tus
criaturas.
íDios Todopoderoso!
Concédeme que mis pacientes tengan confianza en mí y en mi arte
y sigan mis prescripciones y mi consejo. Aleja de su lado a los charlatanes
y a la multitud de los parientes oficiosos y sabelotodos, gente cruel que con
arrogancia echa a perder los mejores propósitos de nuestro arte y a menudo
lleva a la muerte a Tus criaturas. Que los que son más sabios quieran
ayudarme y me instruyan. Haz que de corazón les agradezca su guía,
porque es muy extenso nuestro arte.
Llena mi alma de delicadeza y serenidad si algún colega de más
años, orgulloso de su mayor experiencia, quiere desplazarme, me desprecia
o se niega a enseñarme. Que eso no me haga un resentido, porque saben
cosas que yo ignoro. Que no me apene su arrogancia. Porque aunque son ancianos,
la edad avanzada no es dueña de las pasiones.
Haz que sea modesto
en todo excepto en el deseo de conocer el arte de mi profesión. No permitas
que me ataque el pensamiento de que ya sé bastante. Por el contrario,
concédeme la fuerza, la alegría y la ambición de saber
más cada día. Pues el arte es inacabable, y la mente del hombre
siempre puede crecer. En Tu eterna Providencia, Tú me has elegido para
velar sobre la vida y la salud de Tus criaturas. Estoy ahora preparado para
dedicarme a los deberes de mi profesión. Apóyame, Dios Todopoderoso,
en este gran trabajo para que haga bien a los hombres, pues sin Tu ayuda nada
de lo que haga tendrá éxito.
Moisés Ben-Maimónides, el español
Consejos de Esculapio
¿ Quieres ser médico, hijo mío
?
¿ Has pensado bien en lo que ha de ser
tu vida ? Tendrás que renunciar a la vida privada; mientras la mayoría
de los ciudadanos pueden, terminada su tarea, aislarse lejos de los inoportunos,
tu puerta quedará siempre abierta a todos; a toda hora del día
o de la noche vendrán a turbar tu descanso, tus placeres, tu meditación;
ya no tendrás hora que dedicar a la familia, a la amistad o al estudio;
ya no te pertenecerás.
Los pobres, acostumbrados a padecer, no te llamarán
sino en casos de urgencia; pero los ricos te tratarán como esclavo
encargado de remediar sus excesos; sea porque tengan una indigestión,
sea porque estén acatarrados; harán que te despierten a toda
prisa tan pronto como sientan la menor inquietud, pues estiman en muchísimo
su persona. Habrás de mostrar interés por los detalles más
vulgares de su existencia, decidir si han de comer ternera o cordero, si han
de andar de tal o cual modo cuando se pasean. No podrás ir al teatro,
ausentarte de la ciudad, ni estar enfermo; tendrás que estar siempre
listo para acudir tan pronto como te llame tu amo.
Eras severo en la elección de tus amigos; buscabas
a la sociedad de los hombres de talento, de artistas, de almas delicadas;
en adelante, no podrás desechar a los fastidiosos, a los escasos de
inteligencia, a los despreciables. El malhechor tendrá tanto derecho
a tu asistencia como el hombre honrado; prolongarás vidas nefastas,
y el secreto de tu profesión te prohibirá impedir crímenes
de los que serás testigo.
Tienes fe en tu trabajo para conquistarte una reputación;
ten presente que te juzgarán, no por tu ciencia, sino por las causalidades
del destino, por el corte de tu capa, por la apariencia de tu casa, por el
número de tus criados, por la atención que dediques a las charlas
y a los gustos de tu clientela. Los habrá que desconfiarán de
ti si no gastas barbas, otros si vienes de Asia; otros si crees en los dioses;
otros, si no crees en ellos.
Te gusta la sencillez; habrás de adoptar la actitud
de un augur. Eres activo, sabes lo que vale el tiempo, no habrás de
manifestar fastidio ni impaciencia; tendrás que soportar relatos que
arranquen del principio de los tiempos para explicarte un cólico; ociosos
te consultarán por el solo placer de charlar. Serás el vertedero
de sus disgustos, de sus nimias vanidades.
Sientes
pasión por la verdad; ya no podrás decirla. Tendrás que
ocultar a algunos la gravedad de su mal; a otros su insignificancia, pues les
molestaría. Habrás de ocultar secretos que posees, consentir en
parecer burlado, ignorante, cómplice.
Aunque
la medicina es una ciencia oscura, a quien los esfuerzos de sus fieles van iluminando
de siglo en siglo, no te será permitido dudar nunca, so pena de perder
todo crédito. Si no afirmas que conoces la naturaleza de la enfermedad,
que posees un remedio infalible para curarla, el vulgo irá a charlatanes
que venden la mentira que necesita.
Consejos de Esculapio
No cuentes con agradecimiento; cuando el enfermo sana, la
curación es debida a su robustez; si muere, tú eres el que lo
ha matado. Mientras está en peligro te trata como un dios, te suplica,
te promete, te colma de halagos; no bien está en convalecencia, ya
le estorbas, y cuando se trata de pagar los cuidados que le has prodigado,
se enfada y te denigra. Cuanto más egoístas son los hombres,
más solicitud exigen del médico.
Cuanto más codiciosos ellos, más desinteresado
ha de ser él, y los mismos que se burlan de los dioses le confieren
el sacerdocio para interesarlo al culto de su sacra persona. La ciudad confía
en él para que remedie los daños que ella causa. No cuentes
con que ese oficio tan penoso te haga rico; te lo he dicho: es un sacerdocio,
y no sería decente que produjera ganancias como las que tiene un aceitero
o el que vende lana. Te compadezco si sientes afán por la belleza;
verás lo más feo y repugnante que hay en la especie humana;
todos tus sentidos serán maltratados. Habrás de pegar tu oído
contra el sudor de pechos sucios, respirar el olor de míseras viviendas,
los perfumes harto subidos de las cortesanas, palpar tumores, curar llagas
verdes de pus, fijar tu mirada y tu olfato en inmundicias, meter el dedo en
muchos sitios. Cuantas veces, un día hermoso, lleno de sol y perfumado,
o bien al salir del teatro, de una pieza de Sófocles, te llamarán
para un hombre que, molestado por los dolores de vientre, pondrá ante
tus ojos un bacín nauseabundo, diciéndote satisfecho: ¨Gracias
a que he tenido la preocupación de no tirarlo¨. Recuerda, entonces,
que habrá de parecer que te interese mucho aquella deyección.
Hasta la belleza misma de las mujeres, consuelo del hombre se desvanecerá
para ti. Las verás por las mañanas desgreñadas, desencajadas,
desprovistas de sus bellos colores y olvidando sobre los muebles parte de
sus atractivos. Cesarán de ser diosas para convertirse en pobres seres
afligidos de miserias sin gracia. Sentirás por ellas más compasión
que deseos. ! Cuantas veces te asustarás al ver un cocodrilo adormecido
en el fondo de la fuente de los placeres !
Tu
vida transcurrirá como la sombra de la muerte, entre el dolor de los
cuerpos y de las almas, entre los duelos y la hipocresía que calcula
a la cabecera de los agonizantes; la raza humana es un Prometeo desgarrado por
los buitres.
Te
verás solo en tus tristezas, solo en tus estudios, solo en medio del
egoísmo humano. Ni siquiera encontrarás apoyo entre los médicos,
que se hacen sorda guerra por interés o por orgullo. Únicamente
la conciencia de aliviar males podrá sostenerte en tus fatigas. Piensa
mientras estas a tiempo; pero si indiferente a la fortuna, a los placeres de
la juventud; si sabiendo que te verás solo entre las fieras humanas,
tienes un alma bastante estoica para satisfacerse con el deber cumplido sin
ilusiones; si te juzgas bien pagado con la dicha de una madre, con una cara
que te sonríe porque ya no padece, o con la paz de un moribundo a quien
ocultas la llegada de la muerte; si ansías conocer al hombre, penetrar
todo lo trágico de su destino, ! Hazte médico, hijo mío
!